La propaganda. Propaganda Japonesa en la II Guerra Mundial.
Resumen
Propaganda
es por definición el acto o efecto de propagar o difundir una idea, opinión o
doctrina. En torno a ella siempre ha habido diferentes visiones y corrientes de
pensamiento, tantas como modos de usarla y siempre para conseguir determinados
fines. Fue durante la Primera Guerra
Mundial cuando ésta comienza a ser usada con el fin de menoscabar el buen hacer
del enemigo, en aquella época era considerada incluso un concepto progresista. El concepto de propaganda,
transformado en guerra psicológica en la Segunda Guerra Mundial, la distorsión,
manipulación y desinformación de la realidad pública y política, avanzó de esta
manera hasta la guerra y hasta nuestros días.
Summary
Propaganda is by definition the act or effect of
spreading or spread an idea, opinion or doctrine. Around it has always been
different views and schools of thought, as many as ways and always use it for
certain purposes. It was during the First World War when it begins to be used
in order to undermine the good work of the enemy, at that time was considered
even a progressive concept. The concept of propaganda psychological warfare
transformed into World War II, distortion, manipulation and misinformation of
the public and political reality, advanced in this way until the war and until
today.
Palabras clave
Propaganda,
propaganda de guerra, persuasión, comunicación, publicidad, política de guerra,
segunda guerra mundial, propaganda japonesa, transmisión de propaganda.
Keywords
Propaganda, war propaganda,
persuasion, communication, advertising, politics, war, World War II Japanese
propaganda, propaganda transmission.
Índice
Contexto histórico
El comienzo de la II Guerra Mundial, en septiembre
de 1939, dio a Japón una nueva oportunidad para extenderse por el Sureste
Asiático, después de haber alcanzado varios acuerdos diplomáticos. En
septiembre de 1940 Japón estableció una alianza tripartida con Alemania e
Italia, el denominado Eje Roma-Berlín-Tokio, que aseguraba ayuda mutua y total
durante un periodo de diez años.
Retrocedamos al año 1941. Japón ataca territorios de Estados Unidos en el Pacífico tras la
aprobación del emperador Hirohito, tomando como punto de inflexión el ataque a
Pearl Harbour el 7 de diciembre de ese mismo año. De este modo, Japón se alinea
con el Eje, apoyando a Alemania e Italia en una postura totalmente belicista y
declarando la guerra a los Estados Unidos. Todo ello, como seguramente sepáis,
terminó en la derrota japonesa por parte de los Aliados con la explosión de las
bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, así como la entrada de las tropas
soviéticas en el frente asiático, que mermó considerablemente el número de
soldados japoneses en territorios chinos.
La II Guerra Mundial fue un punto de inflexión para
el mundo publicitario, que hasta entonces se centraba en la
propaganda militar con el objetivo de elevar la moral de los soldados y la
nación, así como de debilitar la de los enemigos.
Por
ello, la actividad
propagandística de los gobiernos estuvo en plena vigencia durante el
periodo de entreguerras. En la II Guerra Mundial se utilizó como apoyo a las
acciones de política internacional. El caso más destacado es la radio. El cine y los noticiarios
filmados fueron los medios de comunicación social de la clase trabajadora. En
general, se consigue la eficacia de la censura y la propaganda.
La guerra se describe con tintes gloriosos, de buena y
justificada. Los soldados son representados como héroes dispuestos a
sacrificarse sin remordimientos.
Comunicación
Toda comunicación, en la medida en que supone
transmisión de ideas, valores o ideales, bien de modo implícito, ya
expresamente, se nos muestra como receptáculo de un contenido proyectivo, cuya
virtualidad operativa puede patentizarse, en primer lugar, en la modificación
de formas de pensar y de sentir, y en segundo, en la aparición de nuevas formas
de obrar adecuadas a aquéllas.
Silbermann, destaca la influencia de Freud, y
especialmente de su libro Die Traumdeutung, publicado en el año i9oo,
que intenta arrojar luz, experimentalmente, sobre los elementos irracionales de
la conducta humana, y de modo primordial, sobre lo relacionado con el
simbolismo, el lenguaje y el mito.
Por ello los investigadores de las ciencias
sociales próximos al psicoanálisis comenzaron a comprender la necesidad de
analizar en su contenido y significado los símbolos que se utilizan dentro del
sistema social de la comunicación (verbales, gráficos, musicales, etc.), lo que
dio lugar al desarrollo de una técnica científica interpretativa.
A partir de 1935 surgen las primeras
investigaciones dignas de atención, que condujeron al desarrollo de ésta
técnica. En conexión con nuestras consideraciones introductorias, y
coincidiendo en ello las apreciaciones de Sübermann, es preciso destacar cuatro
factores sociales que influyeron decisivamente en el incremento de la atención
prestada al análisis de contenido:
-El
rápido desarrollo de la Prensa, la radio y el cinematógrafo.
-El
aumento de la importancia concedida a la opinión pública.
- La extensión creciente de la propaganda
política y de la publicidad comercial
- La segunda guerra mundial, planteada
ideológicamente sobre el principio de la «guerra total». Dentro de tal contexto
histórico-social, Lasswell subrayó la importancia política del-análisis de
contenido, desarrollando nuevos temas teóricos y prácticos.
Comunicación
y persuasión
Con comunicación de masas es fácil llegar a un
gran público, la propaganda bien hecha surge efecto históricamente.
Los sofistas pensaban que la verdad no existe
y que la postura que pasa a ser considerada verdad es la que mejor se defiende
en el discurso o la imagen, especialmente gracias a la fascinación y seducción.
Con el tiempo, el saber evoluciona y se
aterriza en el siglo XX con la creación de organismos públicos y ministerios
específicos para ejercer la persuasión sobre las masas, como las efectivas
iniciativas estadounidenses, alemanas, inglesas o soviéticas de la Primera
Guerra Mundial.
La Segunda Guerra Mundial inquietó a los científicos,
entre otros muchos aspectos, por la capacidad del régimen nazi para persuadir
con tanto éxito a una sociedad tan avanzada como la alemana.
Muy especialmente la psicología social de las
actitudes abordó el fenómeno de la persuasión desde la comprensión y medición
de actitudes y la explicación de los fenómenos que llevan al cambio de
actitudes.
William McGuire enuncia una sucesión de pasos
que debe seguir un mensaje para que sea persuasivo: exposición, atención,
comprensión, aceptación, memorización, y comportamiento.
Sin embargo, hoy sabemos que no son necesarias
todas las fases. En función de la motivación por atender y de la capacidad para
atender los mensajes, las personas pueden ser persuadidas por la “vía central”
o la “vía periférica”, según el “modelo de probabilidad de elaboración” de
Richard Petty y John Cacioppo. Según este modelo, el cambio de actitud tiene
lugar por el recorrido central cuando la
persona tiene motivación por el mensaje y capacidad para entenderlo,
generándose un cambio actitudinal fuerte y duradero. Por el contrario, si el
cambio tiene lugar por el recorrido periférico, es temporal y débil y se basa
en aspectos periféricos de la fuente o del agrado del mensaje.
La historia de la publicidad y la propaganda
es también la historia de la comunicación social, solo podemos hablar de
propaganda cuando nos encontramos con los primeros atisbos de este tipo de
comunicación.
Podíamos decir que la historia puede
considerarse como un hecho de propaganda, en tanto que como discurso y
disciplina intelectual, su origen debe situarse en los líderes y grupos de
poder que, en su deseo de autoglorificación y perpetuación en el poder,
encargan a determinados individuos que “cuenten” sus hechos y sus hazañas.
Así pues desde el momento que reconocemos una
intención persuasiva en un discurso determinado, podemos hablar ya de una
cierta dimensión propagandística.
Se puede decir que no se concibe la propaganda
o la publicidad comercial sin un componente de persuasión.
Muchos consideran que la
persuasión es una actividad reservada a quienes carecen de ética. La
persuasión es una forma de comunicación en la que debe participar toda persona
que se arriesga a entrar en comunicación con los demás. Se tiende a ver por lo
general solo los aspectos negativos de la propaganda, debido a que se asocia
con manipulación, persuasión engañosa, etc.…
Sólo el que lidera la opinión de los públicos
tiene la ventaja de afectar la credibilidad de la masa.
Mito y propaganda
A través del mito se
puede persuadir, movilizar o coaccionar para evitar que las gentes hagan
cuestionamientos y objeciones del sistema dominante.
Si nos remitimos al
concepto tradicional de persuasión, tal como desprende de la Retórica de
Aristóteles, se trataría de la utilización de unos argumentos lógicos,
acompañados de unos recursos formales que permitirían la aceptación de nuestras
ideas o posiciones por parte de un receptor, o la aproximación de una postura a
la nuestra. Se trata pues de convencer para modificar ideas o actitudes y para
suscitar determinadas conductas. Mario Herreros defiende esta postura diciendo:
El significado de persuasión en sentido vulgar es el acto de convencer a
otros con razones sobre cualquier cuestión. Más para este convencimiento no es
necesario el uso de argumentos verdaderos.
La eficacia de los mitos
no debe buscarse en la verdad que pudieran contener sino en su eficacia, en la
capacidad de “operar” sobre la realidad.
Manuel García Pelayo en
su libro Los mitos políticos habla de “función esclarecedora del mito”:
Aunque parezca
paradójico, una de las funciones del mito, es esclarecer y concretar, a través
de sus imágenes y símbolos y, en general, de sus representaciones, lo que las
gentes sienten y desean en forma vaga, inconcreta y difusa, así como
proporcionar un esquema interpretativo, tanto de los procesos totales como de
las partes o acontecimientos que lo componen y, ello, unas pautas de actuación
ante los objetos. (1980:25)
A través de una visión mítica
el hombre es capaz de las conductas más extremas, desde el genocidio al
sacrificio de la propia vida en pos de una imagen que en el fondo solo
constituye el revestimiento de una pura abstracción.
Al inyectar mitos
a la guerra, se atribuyen significados a eventos, hechos, lugares y cosas. Los
mitos nos permiten darle sentido a la destrucción, el caos y las muertes
causados por la guerra.
Teoría de la bala mágica y agenda Setting
La
teoría de la bala mágica, que no es la bala mágica de JF Kennedy, sino
una teoría que explica que los mensajes de un medio de comunicación deben ser
captados por la audiencia de manera uniforme, no parecido ni semejante, sino de
la misma manera en todo el público para que las reacciones de éste sean
disparadas por estímulos.
Durante
esta época comienzan a sentarse las
bases de la llamada teoría de la aguja hipodérmica o de la bala mágica, una teoría de la comunicación que,
ante el efecto que tuvieron durante las guerras los mensajes propagandísticos,
defendía que la comunicación de masas es un arma de manipulación que no
encuentra resistencia y afecta a los receptores por igual de manera
unidireccional, de esta manera sostiene que las
emisiones de los medios de comunicación dan forma directamente a las
opiniones y acciones de los espectadores. Según esta teoría, la información es
"disparada" o "inyectada" directamente en el espectador, y
luego guía sus acciones. La teoría surgió a mediados y finales de la década de
1930, cuando los investigadores estaban examinando la propaganda de la Primera
Guerra Mundial y el uso de los medios de comunicación por parte de la Alemania
nazi.
La agenda Setting indica que la influencia de
los medios no se realiza directamente sobre las actitudes políticas sino sobre
la prelación de cuestiones. El modo en que los medios informan influye sobre la
importancia que las personas otorgan determinadas cuestiones, facilitando a qué
aspectos se presta más atención y actuando sobre la vía central, que,
recordemos, es la responsable de las actitudes más duraderas. El punto central de esta teoría es la capacidad de los mass-media para
graduar la importancia de la información que se va a difundir. Más claramente, la teoría del "establecimiento de la agenda"
dice que la agenda mediática, conformada por las noticias que difunden los
medios informativos cotidianamente y a las que confieren mayor o menor
relevancia, influye en la agenda del público.
El comité Creel
Dirigido por George Creel; tuvo la
idea de reunir a grandes pensadores para dar difusión a sus mensajes a favor de
ir a la guerra. Todo a través de la prensa[1].
El comité creó, en 1917, un catálogo de
diez principios para conseguir que su mensaje calara entre la población.
No son los únicos principios, también están los similares de Lord Porsonby o los de Anne Morelli.
1. Nosotros no deseamos la guerra.
Ningún país quiere la guerra, y si entra en ella es porque le obligan las circunstancias. No tiene más remedio.
Ningún país quiere la guerra, y si entra en ella es porque le obligan las circunstancias. No tiene más remedio.
2. El adversario ha empezado.
En 1939, el régimen nazi montó un incidente en la frontera que tenía por objeto hacer creer que Polonia iniciaba las hostilidades contra Alemania La Oficina de Prensa del Reich del Partido Nazi dio instrucciones a la prensa de evitar el uso de la palabra guerra. A modo de táctica destinada a presentar a Alemania como víctima de la agresión, debían informar que las tropas alemanas simplemente habían repelido los ataques polacos. Y la responsabilidad de declarar la guerra recaería sobre los británicos y los franceses.
En 1939, el régimen nazi montó un incidente en la frontera que tenía por objeto hacer creer que Polonia iniciaba las hostilidades contra Alemania La Oficina de Prensa del Reich del Partido Nazi dio instrucciones a la prensa de evitar el uso de la palabra guerra. A modo de táctica destinada a presentar a Alemania como víctima de la agresión, debían informar que las tropas alemanas simplemente habían repelido los ataques polacos. Y la responsabilidad de declarar la guerra recaería sobre los británicos y los franceses.
3. El adversario es moralmente condenable.
Antes del ataque alemán a Polonia del 1 de septiembre de 1939, el régimen nazi lanzó una agresiva campaña en los medios de comunicación para obtener el apoyo público. Para presentar la invasión como una acción defensiva moralmente justificable, la prensa alemana resaltó las “atrocidades polacas”.
Antes del ataque alemán a Polonia del 1 de septiembre de 1939, el régimen nazi lanzó una agresiva campaña en los medios de comunicación para obtener el apoyo público. Para presentar la invasión como una acción defensiva moralmente justificable, la prensa alemana resaltó las “atrocidades polacas”.
4. Nuestra intervención es noble y somos los buenos.
La intervención en Libia en 2011 se debió a la intención de salvar a unos civiles a los que había que proteger de la brutalidad de las fuerzas de Gadafi. Era, según la propaganda occidental, una lucha a favor de los derechos de la ciudadanía líbia, y a favor de la democracia.
La intervención en Libia en 2011 se debió a la intención de salvar a unos civiles a los que había que proteger de la brutalidad de las fuerzas de Gadafi. Era, según la propaganda occidental, una lucha a favor de los derechos de la ciudadanía líbia, y a favor de la democracia.
5. El enemigo comete atrocidades.
En octubre de 1990, una adolescente de 15 años testificó públicamente en una sesión del Congreso de los Estados Unidos que debía dar luz verde a la intervención en Irak. Iba a ser una de las mayores mentiras de esa guerra para movilizar a la opinión pública norteamericana. Ante las cámaras, la joven afirmó, entre lágrimas, que cuando los iraquíes llegaron al hospital de Kuwait habían sacado nada menos que 312 niños prematuros de las incubadoras y los habían arrojado al suelo para incautarlas y trasladarlas a Bagdad. La noticia dio la vuelta al mundo. Cuando después de la guerra el periodista John Martin, de la cadena ABC, entrevistó a médicos y enfermeras de ese hospital, nadie conocía a la joven Nayirah. Todos negaron la historia de las incubadoras. La joven que declaró ante el Congreso, no sólo no era enfermera de aquel hospital, sino que resultó ser la hija del embajador de Kuwait en Washington, Saud Nasir Al Sabah. Su falso testimonio había sido cuidadosamente preparado y ensayado por una de las principales firmas internacionales de relaciones públicas: Hill & Knowlton. Bush se refirió a este caso más de siete veces en sus discursos, durante la campaña de pre-guerra.
Dentro de este principio entraría también la idea de que ellos cometen atrocidades, pero si las cometemos nosotros son bajas civiles “accidentales” o “daños colaterales”, sin querer, o muy a menudo, causados porque los adversarios colocan queriendo a los civiles como escudos humanos.
En octubre de 1990, una adolescente de 15 años testificó públicamente en una sesión del Congreso de los Estados Unidos que debía dar luz verde a la intervención en Irak. Iba a ser una de las mayores mentiras de esa guerra para movilizar a la opinión pública norteamericana. Ante las cámaras, la joven afirmó, entre lágrimas, que cuando los iraquíes llegaron al hospital de Kuwait habían sacado nada menos que 312 niños prematuros de las incubadoras y los habían arrojado al suelo para incautarlas y trasladarlas a Bagdad. La noticia dio la vuelta al mundo. Cuando después de la guerra el periodista John Martin, de la cadena ABC, entrevistó a médicos y enfermeras de ese hospital, nadie conocía a la joven Nayirah. Todos negaron la historia de las incubadoras. La joven que declaró ante el Congreso, no sólo no era enfermera de aquel hospital, sino que resultó ser la hija del embajador de Kuwait en Washington, Saud Nasir Al Sabah. Su falso testimonio había sido cuidadosamente preparado y ensayado por una de las principales firmas internacionales de relaciones públicas: Hill & Knowlton. Bush se refirió a este caso más de siete veces en sus discursos, durante la campaña de pre-guerra.
Dentro de este principio entraría también la idea de que ellos cometen atrocidades, pero si las cometemos nosotros son bajas civiles “accidentales” o “daños colaterales”, sin querer, o muy a menudo, causados porque los adversarios colocan queriendo a los civiles como escudos humanos.
6. Sus pérdidas en la guerra son superiores a las nuestras.
En el inicio de la guerra de Irak de 1990, los espectadores mundiales se quedaron con la idea de que era un conflicto sin mentira, toda vez que el conflicto se transmitió en directo. Pero no podían estar más equivocados. Las imágenes fueron controladas integralmente, y se asistió casi una película de guerra realizada en directo. En el final, se constató que más de 90% de las imágenes mostraban el poderío bélico americano, y que jamás se pudo ver un soldado estadounidense herido o muerto.
En el inicio de la guerra de Irak de 1990, los espectadores mundiales se quedaron con la idea de que era un conflicto sin mentira, toda vez que el conflicto se transmitió en directo. Pero no podían estar más equivocados. Las imágenes fueron controladas integralmente, y se asistió casi una película de guerra realizada en directo. En el final, se constató que más de 90% de las imágenes mostraban el poderío bélico americano, y que jamás se pudo ver un soldado estadounidense herido o muerto.
7. Esta es una guerra justa (Dios nos apoya).
Franklin Roosvelt decía en 1941, durante la segunda guerra mundial que “la llama de la democracia debe seguir ardiendo. Para conservar esta llama, cada uno de nosotros debe aportar todas sus fuerzas. El esfuerzo personal de cada individuo puede parecer mínimo, pero hay 130.000.000 de individuos, y aún más en Gran Bretaña y en otras partes, que defenderán valientemente la llama de la democracia y de la aniquilación de la barbarie”.
Franklin Roosvelt decía en 1941, durante la segunda guerra mundial que “la llama de la democracia debe seguir ardiendo. Para conservar esta llama, cada uno de nosotros debe aportar todas sus fuerzas. El esfuerzo personal de cada individuo puede parecer mínimo, pero hay 130.000.000 de individuos, y aún más en Gran Bretaña y en otras partes, que defenderán valientemente la llama de la democracia y de la aniquilación de la barbarie”.
8. Los intelectuales nos apoyan.
Durante la primera guerra mundial, el pacifista y escritor Anatole France[2] quiso enrolarse en el ejército francés a sus 70 años. Este gesto patriótico fue usado por el gobierno francés como símbolo de que todos debían enrolarse y de que era una guerra justa.
Durante la primera guerra mundial, el pacifista y escritor Anatole France[2] quiso enrolarse en el ejército francés a sus 70 años. Este gesto patriótico fue usado por el gobierno francés como símbolo de que todos debían enrolarse y de que era una guerra justa.
9. El enemigo usa armas prohibidas.
Durante la primera guerra mundial, el ataque con submarinos era visto –y difundido- por los aliados como desleal y poco ético. “Casualmente” los alemanes eran además maestros -al contrario que los Aliados- en el uso militar de los submarinos. El torpedeo del Lusitania (1915) fue particularmente explotado y presentado por la propaganda aliada como un acto de bárbara piratería. Este tema surgía a menudo en los discursos del presidente Roosvelt.
10. Todas las personas que dudan son traidores o son víctimas de la propaganda del enemigo.
Theodore Roosevelt, durante la primera guerra mundial dijo: “cualquiera que exprese directa o indirectamente su simpatía por Alemania en Estados Unidos, debe ser detenido, fusilado, ahorcado o encarcelado para el resto de sus días“.
Durante la segunda guerra mundial, y a pesar de la transmisión pública y la publicación de declaraciones generales sobre el objetivo de eliminar a “los judíos”, el régimen de Hitler utilizaba una propaganda engañosa que ocultaba detalles específicos de la “Solución Final”, y los controles a la prensa impedían que los alemanes leyeran las declaraciones de los líderes aliados y soviéticos en las que condenaban los crímenes alemanes.
Durante la primera guerra mundial, el ataque con submarinos era visto –y difundido- por los aliados como desleal y poco ético. “Casualmente” los alemanes eran además maestros -al contrario que los Aliados- en el uso militar de los submarinos. El torpedeo del Lusitania (1915) fue particularmente explotado y presentado por la propaganda aliada como un acto de bárbara piratería. Este tema surgía a menudo en los discursos del presidente Roosvelt.
10. Todas las personas que dudan son traidores o son víctimas de la propaganda del enemigo.
Theodore Roosevelt, durante la primera guerra mundial dijo: “cualquiera que exprese directa o indirectamente su simpatía por Alemania en Estados Unidos, debe ser detenido, fusilado, ahorcado o encarcelado para el resto de sus días“.
Durante la segunda guerra mundial, y a pesar de la transmisión pública y la publicación de declaraciones generales sobre el objetivo de eliminar a “los judíos”, el régimen de Hitler utilizaba una propaganda engañosa que ocultaba detalles específicos de la “Solución Final”, y los controles a la prensa impedían que los alemanes leyeran las declaraciones de los líderes aliados y soviéticos en las que condenaban los crímenes alemanes.
Definición de propaganda
y propaganda actual
El diccionario de la
RAE. Define el término propaganda como “acción o efecto de dar a conocer una
cosa con el fin de atraer adeptos o compradores. La propaganda es un efecto de
persuasión, porque implica la creación, reforzamiento o modificación de una respuesta;
pero también es un proceso de información sobre todo en lo que se refiere al
control del flujo de la misma.
También podemos
definirla como “el acto o
efecto de propagar o difundir una idea, opinión o doctrina”. En latín antiguo,
propaganda significaba “cosas para propagar”.
El propagandista tiene
que comenzar por ser “uno más” del grupo al que se dirige aunque muchas veces
se sitúa en un escalón superior, pues el prestigio y la autoridad de la fuente
en la propaganda es un factor de intensificación de esta.
El fenómeno de la
propaganda es inherente a la organizaron estatal. Estadio y propaganda son
inseparables. La propaganda es, pues, propaganda política, civil, estatal o
contrapropaganda. Puede ser un fenómeno muy concentrado en el tiempo o desarrollarse
a largo plazo.
La aparición de religiones y
sociedades organizadas favoreció la proliferación de las primeras formas de
propaganda.
El origen del término
propaganda está en “la sacra congregatio de propaganda FIDE” constituida de
manera definitiva por la bula Inscrutabili divine, de 1622, emitida por
el papa Gregorio XV, nacida como instrumento de lucha de la contrarreforma.[3] La
finalidad era la de profundizar y extender la evangelización de los numerosos
pueblos paganos que los grandes descubrimientos geográficos ponían a
disposición de la iglesia y, por otra, la de contener y neutralizar la
creciente amenaza que representaba el avance de la Reforma en la Europa del
norte. (cfr. Pizarroso: 1993)
Se define su propaganda
a las actividades que tienden a facilitar la multiplicación de los emisores de
propaganda. En buena medida coincide con el conocido fenómeno de “las
relaciones publicas” en el terreno de la actividad comercial o de negocios.
Lasswell ve la propaganda como la
“técnica para influenciar la acción humana, a través de la manipulación de
representaciones”. A su vez, Reyzábal cree que el concepto de propaganda está
“íntimamente ligado con la acción de divulgar doctrinas e ideologías para
conseguir adeptos a las mismas”.
A día de hoy, la opinión pública se ha convertido en un elemento clave
en los conflictos, así también en las redes
sociales se escenifican estos conflictos para ganarse a la opinión de la
ciudadanía, ya no solo en clave interna, sino también en clave global. Es especialmente usual
en estos tiempos la utilización de imágenes. Una imagen es siempre una verdad aparentemente indiscutible dirigida al
ámbito emocional. La selección de la imagen permite retener y repetir el
momento y tiene un efecto multiplicador muy útil, especialmente en las redes.
Tipos de propaganda.
La propaganda se puede clasificar
dependiendo de quién es el emisor.
-Propaganda blanca.
Seria aquella en la que la fuente, o emisor, está correctamente identificada y
el contenido de su mensaje tiende a ser preciso.
-Propaganda negra. La
fuente emisora esta deliberadamente falsificada, independientemente de la
falsedad o veracidad del mensaje.
-Propaganda gris. Cuando
la fuente puede o no ser correctamente identificada y la exactitud del mensaje
es incierta.
Técnicas
propagandísticas.
-Simplificación. El
mensaje propagandístico ha de ser breve y claro, debe concentrarse en un solo
objetivo, hay que localizar un enemigo y contra el concentrar todos los
argumentos.
-La exageración.
Minimización o desfiguración de la información permiten al propagandista
destacar aquello que le interesa. Además, como decía Goebbels, toda falsedad es
más creíble cuanto mayor sea.
-Se difunda de forma
“orquestada”. Esto es que se repita pero no de forma monótona, sino adoptando
nuevas formas y canales. A su vez, esta repetición debe llevar un ritmo,
generalmente incresendo para ser más eficaz.
-Punto de contacto.
Entre el propagandista y la audiencia. Este primero debe identificarse con su
audiencia para transmitir su mensaje.
-Contagio. La velocidad
de este suele ser mayor si este mensaje prende en primer lugar la elite del grupo.
-Contrapropaganda.
Siempre se produce después de un proceso de propaganda. El propagandista debe
conocerla y contar con ella de antemano para neutralizar su efecto. Un método
fundamental de contrapropaganda es la propaganda negra, consiste en falsificar
una fuente de propaganda y sus mensajes como si estos fuesen del adversario.
El poder de la imagen en
la propaganda
Las imágenes dinámicas o
estáticas han servido como principal medio para que los órganos reguladores
implanten sus modelos.
A través de las imágenes
se puede actuar más fácil y directamente sobre los sentimientos y emociones.
Esta, la imagen, puede llegar a ser sustituta del pensamiento, día a día los
medios audiovisuales y la información revolucionan nuestra percepción del
mundo.
Estas imágenes son
temibles cuando se ponen al servicio de ideologías y fines totalitarios, no
democráticos, o simplemente, para potenciar una propaganda eminentemente
manipuladora y engañosa que oculta, detrás de la imagen, la verdadera
naturaleza de un político, gobernante o alto cargo.
Se trata de la
sustitución parcial o total de las ideas por una imagen, la cual antepone
emociones a conceptos, y así se realiza una asimilación inconsciente de una
serie de imágenes que apuntan antes a sus deseos, fobias o emociones y
esperanzas que a su capacidad analítica.
Como indica Federico Aznar: “El poder es por encima de todo imagen. Y la
recrea e interpreta continuamente, dando valor a unos aspectos o a otros, desde
una atalaya cuya principal atributo es erigirse
y ser constructor de la verdad,
de modo que el poder se ejerce a través de su producción. La verdad propia debe
explicitarse y la forma más barata e indiscutible de hacerlo es a través de una
fotografía”.
Propaganda política
Este fenómeno de
expansión no podría haberse dado sin la presencia de otro fenómeno paralelo
llamado mass media. Por lo que se
puede decir que la publicidad política, debe ser entendida como un tipo
especial del proceso comunicativo cuya finalidad debe situarse en la esfera de
lo ideológico, puesto que de lo que se trata es de consolidar, implantar o
modificar opiniones.
Se discute acerca de
cuál de las dos fue primero, si la publicidad comercial o la política, a lo que
Adrian Huici Módenes responde “fue la
publicidad política la primera en alcanzar pleno desarrollo y sistematización
metodológica”.
Así pues antes que
“publicidad” aparece “propaganda”, asociada, obviamente, a la esfera del poder
eminentemente religioso.
Después de la segunda
guerra mundial “publicidad política” se ve sustituida por “propaganda”.
A partir de la segunda
mitad del siglo pasado la publicidad política se ha apropiado de los métodos
desarrollados y perfeccionados por la publicidad comercial. Las causas de este
fenómeno corresponden con el triunfo del neocapitalismo.
Marketing político
Significa, naturalmente,
la reducción de los políticos a imágenes de mercado. Es una forma de propaganda
que termina por crear las llamadas democracias de mercado. Así, llegamos a la
conclusión de que las ideologías son una técnica de marketing que consiste en
el estudio de las necesidades y deseos colectivos y en el análisis concienzudo
del competidor para conseguir así la elaboración de los mensajes más
convenientes a los fines electorales.
Para Qualter:
…el posicionamiento
estratégico, probablemente, aumenta las oportunidades de los candidatos que no
tienen convicciones morales fuertes y profundamente arraigadas. Si no se
promueve necesariamente el cinismo político o la ambivalencia moral, no hace
nada para desanimarlo o inhibirlo. (Ob.cit.:181-2)
Entonces llegamos a la
pregunta: ¿Qué trucos hemos de emplear para que nos vote a nosotros o nos
crea a nosotros en vez de al competidor
o al enemigo?
Debemos seguir todo el
paso de la publicidad comercial para obtener los mismos resultados con la
publicidad política.
Necesitamos un producto
bien presentado que destaque de los demás, que sea atractivo y que tengan el
tamaño y el precio exactos que el público espera del mismo. Hemos de preparar
la preventa del producto por medio de una campaña de publicidad. Y para
finalizar debemos seguir las “reglas de oro” del diseño comercial.
Propaganda de guerra
La propaganda de guerra consiste
en un tipo de comunicación persuasiva
altamente especializada, que se
encuentra en todo tipo de medios. También podemos definirla como lo hace Daugherty
“el uso planificado de propaganda y otras acciones orientadas a generar
opiniones, emociones, actitudes y comportamientos en grupos extranjeros,
enemigos, neutrales y amigos, de tal modo que apoyen el cumplimiento de fines y
objetivos nacionales”. La propaganda de
guerra tiene un aspecto particular, por el que es denominada usualmente
“Psychological Warfare” o “Guerra psicológica”, un concepto nacido en Estados
Unidos.
Los propagandistas bélicos, los
cuales nacieron con los propios conflictos armados, siempre utilizaron los últimos
avances tecnológicos en comunicación para optimizar su capacidad persuasiva. A
su vez, fueron usados métodos de engrandecimiento de las fuerzas y de
diseminación de información no verdadera[4].
Así podemos señalar un ejemplo de entre un gran número como fue el esquema de
proliferación de información falsa en el régimen nazi, la cual pasó a la Historia como “la gran mentira”.
Pero no siempre es necesario
recurrir a la mentira, también hay métodos como la utilización de eufemismos.
Los métodos usados entonces para su
transmisión fueron diversos, pasando por la palabra escrita y oral, imagen o
acción, entre otros[5].
Gracias a la propaganda
norteamericana de la primera guerra mundial, otros países se dan cuenta que es
necesario influir en los pensamientos de la gente por medio de la propaganda.
Joseph Göbbels, un alemán que sería de gran importancia en la guerra
propagandística de la segunda guerra mundial, fue un arduo estudiante de la
propaganda norteamericana. Fue gracias a ésta, que se empezaron a hacer
institutos dedicados a propagandar la voluntad de hacer guerra.
Durante la segunda guerra mundial,
se buscaba describir ésta con tintes gloriosos, de buena y justificada. Los
soldados, normalmente eran representados como héroes dispuestos a sacrificarse
sin remordimientos.
También se debían inyectar mitos a
la guerra, atribuyéndole así significados a eventos, hechos, lugares y cosas.
Éstos permitían darle sentido a la destrucción, el caos y la muerte
causados por la guerra.
Podía ser creado con diferentes
géneros, tales como los superhéroes, las fantasías o los hechos históricos.
La educación relacionada
con la propaganda en momentos de guerra
La educación no puede ni
debe ser propaganda. Si la educación se desvía de sus fines e invade el terreno
de la propaganda, entonces se desnaturaliza y pierde todo su valor.
A esta postura tan
rígida responde Pizarroso que “la educación es siempre propaganda”
aunque haciendo matizaciones. Señala que “la historia de la toma de
conciencia del movimiento obrero del siglo XX es un ejemplo de ello”.
(Ob.cit.:32)
La escuela ha sido empleada
por muchos regímenes políticos como vivero de futuros adeptos.
La educación es siempre
una manipulación de la conciencia humana. En los regímenes democráticos, en la
escuela se hace propaganda de los sistemas y en todos los países se fomenta un
patriotismo más o menos mitigado. La escuela forma a futuros ciudadanos y, para
ello, ha de adaptarlos a los valores sociales vigentes en cada momento.
Antes y durante la guerra, la
educación japonesa estaba basada en el sistema alemán con "Gymnasium"
y universidades para estudiantes después de la escuela elemental. Durante la
ocupación, el sistema educativo secundario japonés fue cambiado para incorporar
escuelas secundarias de tres años (junior high y senior high)
similares a aquellas de los Estados Unidos: la primera de ellas se hizo
obligatoria y la segunda siguió siendo opcional.
El Edicto Imperial sobre Educación
fue derogado y el sistema imperial universitario fue reorganizado. La cuestión
de larga data sobre la reforma de la escritura japonesa, que había sido
planeada por décadas, pero que fue rechazada continuamente por los elementos
más conservadores, también fue resuelta durante este tiempo. El sistema de
escritura japonesa se reorganizó drásticamente con la lista Tōyō kanji en 1946, predecesora de la actual Jōyō kanji, y la ortografía fue alterada en gran medida para
reflejar el uso hablado.
Historia de la
propaganda en Japón.
El Japón había llevado a
cabo durante los años treinta una política imperialista en toda Asia secundada
de una eficaz propaganda. En 1936 el gobierno había formado un comité de
información para controlar las actividades de la propaganda. Para entonces los
japoneses disponían ya de una agencia nacional de noticias (domei-Sha, controladas por un Comité Gubernamental, fundada en 1935) y de un importante sistema de
radiodifusión (NHK).
Tanto la prensa como las
como las emisiones radiofónicas estaban sometidas en la censura previa desde
1937 momento del comienzo de la guerra contra China.
En 1941 fue creado un
nuevo consejo de planificación de la radiodifusión dominado por los
ministerios del ejército, marina y comunicaciones, dedicado exclusivamente a la
propaganda de guerra.
En 1940 se crea la oficina
de información del gabinete la cual se estructuraba en cinco divisiones y
diecisiete secciones que abarcaban todos los campos posibles de información y
propaganda.
También existieron
departamentos de información del ejército en el que las tareas estaban
dividida por secciones todo bajo el control del cuartel general imperial.
Dentro del totalitarismo
japonés encontramos su libro de cabecera el cual es una especia de guía moral,
y está formado de viejos textos mitológicos sobre la superioridad japonesa, la
continuidad dinástica, la voluntad imperial,, lealtad, respeto filial ,etc.…
Cuando Japón entro en
guerra, diciembre del 41, su propaganda de guerra estaba plantificada. Al día
siguiente del ataque de Pearl Harbour fue dirigido por radio un escueto anuncio
comunicando que el ejército y la marina imperiales habían comenzado las
hostilidades contra las fuerzas británicas y norteamericanas en el pacifico
Occidental.
Esta propaganda fue de
escasa eficiencia entre otras cosas por el abismo cultural que separaba Japón
de estados unidos.
La propaganda
radiofónica japonesa hacia los estados unidos señalaba constantemente la
decadencia americana, la desunión, la desconfianza de los aliados en estados
unidos, cuando precisamente su ataque había contribuido a unir voluntades en el
gigante americano.
La propaganda japonesa
sostuvo hasta el último momento la idea de un Japón victorioso y de un enemigo
en retirada, con lo que para muchos japoneses el anuncio de la rendición
constituyo una verdadera sorpresa.
Características especiales de la propaganda japonesa
La propaganda japonesa tuvo una serie de
características especiales que no tuvieron las
de otros países, y estas provienen de su cultura. Durante la II Guerra Mundial
se explotaron elementos tradicionales de la cultura japonesa: el kokutai, el hakkô ichiu y el bushido.
Kokutai: el
concepto de Kokutai sólo se usó en Japón, y no contribuyó en el
desarrollo de ideas políticas en otros lugares del mundo, a pesar de que el
Imperio de Japón intentó exportarlo a otros países. Hace referencia a la identidad y
estructura nacional, la cual en esta época se refiere al poder ostentado por el
emperador y a la realidad de que todos los japoneses eran súbditos de este,
siendo la nación japonesa superior al resto y defendiendo el ultra
nacionalismo. Fue usado durante el Período Imperial como
una ideología de inspiración y unificación, y proveyó la estructura política
nacional que daría a lugar el sistema de monarquía constitucional basado en
Occidente bajo la Constitución Meiji de 1890. Esto resolvió muchas de las incógnitas sobre la comprensión
de esta Constitución. Adicionalmente, su irracionalismo fundamental es horrible
y ofensivo para muchos, a pesar de que es una característica compartida por
otros sistemas políticos basados en ideas religiosas.
Hakkô
ichiu: es un
eslogan político que significa “todos bajo un mismo techo” y que conlleva una
gran importancia espiritual, pues proviene de las palabras de Jimmu, el primer
emperador japonés que, se dice, desciende de la diosa del sol Amaterasu;
ensalza por tanto la divinidad del imperio y del propósito de expansión, pues
dichas palabras significaban que el imperio japonés había sido ordenado por los
dioses para unificar el mundo entero. Estas
palabras fueron popularizadas en un discurso pronunciado por el Primer Ministro de Japón Fumimaro
Konoe el 8 de enero de 1940.
Bushido: en tercer lugar, el camino del
guerrero, adoptado por los samuráis como su modo de vida, y manipulado en esta
época para significar lealtad y sacrificio, presentando a la guerra como algo
purificador y la muerte como un deber hacia tu nación; así pues el suicidio
(seppuku) ante el fracaso o los ataques de los kamikazes son justificados bajo
las normas del bushido. Si un samurái fallaba en mantener su honor,
podía recobrarlo practicando el seppuku. Se dice que desde pequeño, el bushido era inculcado a los japoneses
de la clase dirigente incluso antes de despegarse del pecho de la madre.
De este
modo podríamos afirmar que los elementos principales de la propaganda japonesa
durante la segunda guerra mundial eran el ensalzamiento nacional, el anti-occidentalismo y, procedente de éste, el
anti-comunismo. También apelaban a otros valores como el antisemitismo,
pues culpaban a los judíos del auge occidental. Todo ello englobado dentro de
la “Greater East Asia Co-Prosperity Sphere”, una idea vendida con el lema de “Asia para los asiáticos” que justificó
también el expansionismo apelando a que los gobernantes de países como China
eran títeres de occidente. De este modo, se lanzaron folletos en distintos
lugares de Asia como la propia China, Filipinas, Corea o India, donde se
llamaba a la conciencia asiática y a la necesidad de expulsar a los
occidentales del continente, poniendo fin a las explotaciones coloniales que se
aprovechaban de ellos.
Transmisión de la propaganda.
La propaganda de guerra se transmitió a través
de diferentes medios de comunicación de masas como pueden ser el cine,
la prensa o la radio mediante los dibujos animados o la literatura, la que se
implantó en el sistema educativo.
El cine fue una de las herramientas más
utilizadas por Japón durante este tiempo con la meta de concienciar al pueblo
de la necesidad de la guerra y de presentar el contexto internacional de una
manera “apropiada”.
La radio también sirvió para ello, realizándose escuchas de programas concretos
en las escuelas y comunicando los mensajes del gobierno, así como impulsando
ese sentimiento anti-americano a través de altavoces en las ciudades. Tuvo un papel esencial
en la propaganda militar japonesa con la llamada “Rosa de Tokio”.
Las radio-transmisiones japonesas se realizaban mediante radios de
onda corta, sin embargo, la “Rosa de Tokio” era otro cantar, pues su propósito
era minar la moral estadounidense colándose en sus filas a través de
transmisiones en inglés[6].
La radio japonesa.
Tenía ya un desarrollo
considerable poco antes del comienzo de la guerra. En 1939, el número de
licencias de receptores era de 4 862 137, cuando Japón entro en guerra, había
pasado de ser 6 624 326, y en 1944 había alcanzado los 7 437 688, con lo que se
puede calcular que la audiencia de la radio alcanzaba casi el cincuenta por
ciento del total de la población japonesa.
En cuanto a sus
programas para el exterior, la NHK emitía en onda corta cinco horas de
programación en dieciséis lenguas distintas en 1939. En diciembre de 1941, sus
programas ocupaban las 24 horas del día y se dirigían a China, Tailandia, la
Indochina Francesa y también hacia Hawái y la Costa Oeste de Estados Unidos.
Más tarde comenzaron también a transmitirse programas para Alemania e Italia y
en 1943 emitían un total de catorce transmisiones en veinticuatro lenguas.
De los seis mil miembros
de la NHK, unos cien trabajaban en la sección exterior, cuyas actividades
estaban dirigidas por un comité en el que estaban representados los ministerios
del ejército, la marina, exterior, interior, Gran Asia y comunicaciones.
En los programas para el
exterior si se difundía música occidental, totalmente eliminada para el consumo
interno, y otros programas propagandísticos, sobre todo mensajes de los
prisioneros de guerra.
La industria
cinematográfica japonesa.
El cine es un medio muy eficaz para
la difusión de propaganda porque «el espectador recibe pasivamente los
mensajes, envueltos en historias –de ficción o no– que actúan directamente
sobre sus emociones, valores, inquietudes o temores» (Guerra y Tajahuerce,
1995: 52).
El militarismo en el poder, trató de
imponer las películas “patrióticas” y de propaganda, acentuando la censura para
una enorme producción de 600 a 700 filmes anuales. Dos realizadores se
destacaron durante esa década, Hiroshi Inagaki (1905-1980) e Hiroshi Shimizu
(1903-1966), este último bajo una “visible influencia de René Clair”.
La industria del cine
estuvo sometida desde 1939 a un rígido sistema de licencias, y la política cinematográfica
japonesa se inspiraba en el ejemplo alemán. En 1939 estalla la guerra en Europa y en 1941 Rusia y
los Estados Unidos entran en la contienda, transformándose en la llamada I
Guerra Mundial. El militarismo japonés en el poder -como en todas las otras
potencias- ejerció una estrecha vigilancia sobre el cine, ahogando así sus
libertades. Pero, al finalizar la guerra, tras el holocausto nuclear de
Hiroshima y Nagasaki, se da rápidamente un resurgir del cine como medio de
expresión, similar -aunque de menos resonancia- al de la Italia derrotada.
A partir de los años 50, los grandes
talentos de Mizoguchi, Kinugasa y Ozu llegan a su plena maduración estética.
Teynosuke Kinugasa (1896-1982) nos brinda una obra maestra del melodrama
japonés con Las puertas del infierno (1953), maravilla de filme en
color, ritual, como las mejores obras japonesas, con una secuencia inicial
antológica, la “sugerencia” de un ataque de guerreros a un campamento, resuelto
en una suma de detalles, más que en el panorama general de la batalla.
Antes del ataque de
Pearl Harbour, las distintas compañías dedicadas a la producción de noticiarios
cinematográficos, se reunieron, por presión del gobierno, en una sola, la
“Nippon Eigasha”. La guerra chino-japonesa había dado ya lugar a una amplia
producción de documentales bélicos, que se prolongó hasta la segunda guerra
mundial. Además de los documentales bélicos se produjeron otros a través
de los cuales se intentaba estimular la producción agrícola, el ahorro, o la
participación de la mujer en la industria de guerra, etc.
La industria cinematográfica contra Japón.
Algunos
directores del momento, como Frank Capra, William Wyler o John Ford fueron al
frente y se incorporaron «a las fuerzas armadas con la misión de realizar
documentales militares» pero otros, como
Howard Hawks, permanecieron en la retaguardia y participaron en la guerra a su
manera: haciendo propaganda enmascarada como cine de ficción.
Durante
los años de la Segunda Guerra Mundial, Howard Hawks rodó cinco películas: De
todas ellas, Sargento York, Air Force y Tener y no tener son
películas relacionadas con la guerra y, a excepción de la última, estamos
claramente ante películas de propaganda bélica a través de las cuales Howard
Hawks colaboró con el Gobierno de Estados Unidos.La idea que Hawks nos vende con Sargento
York es que Estados Unidos debe entrar en la Segunda Guerra Mundial porque,
a pesar de que la contienda se desarrolla a miles de kilómetros, tiene un papel
que cumplir al igual que ocurrió en la Primera Guerra Mundial. Y para convencer
a los estadounidenses de ello, las productoras Warner Bross y First National recurren a la historia del
sargento Alvin York, un héroe nacional de la Gran Guerra, muy querido y
venerado en el país.
Con Air
Force, Howard Hawks les dice a los
estadounidenses que a pesar de llevar dos años en la guerra y no ver aún
cercano su fin, Estados Unidos tiene que seguir combatiendo. Y para ello
recuerda el ataque japonés a las bases militares del Pacífico; un ataque que
fue vivido por los estadounidenses como una traición por parte de los japoneses.
Sólo han pasado dos años del trauma de Pearl Harbor y las otras bases atacadas,
y Hollywood ya está utilizando ese trágico recuerdo en una película.
Propaganda en los comics japoneses
A principios de 1930, Japón se da
cuenta que debe influir en las siguientes generaciones para convencerlos de una
guerra justa. Siete años después entraría en guerra contra los chinos.Suiho Tagawa crea el personaje de Norakuro. Fue la caricatura que más se dio
en Japón. Representa a un perro azul, que pelea con sus amigos caninos, en
contra de unos cerdos (los cuales representan a los chinos). La
historieta tenía cuentos de honor y valor.
Los japoneses habían sido
influenciados por los comics norteamericanos, así que sus caricaturas
contenían burbujas, en donde se encontraban los diálogos. El dibujo era muy
simple, y sus escenas eran heroicas, como la que a continuación se presenta; en
ésta, el perro guía a sus compañeros hacia el enemigo, deben pasar sobre
el alambre de púas y entre balas que salen por todos lados.
Videos de interés
Racismo
hacia los japoneses. Los que dibujaron la caricatura, ponen a los asiáticos de
color amarillo y con dientes que son grandes. El conejo Bugs derrota a los
japoneses, ya que éstos son muy estúpidos y les da paletas de granada.
Películas como “Cartas desde Iwo Jima”
pensamiento de los japoneses durante esa época.
Videos de la segunda guerra mundial
Conclusión
Resulta
pertinente recordar una vieja lección impartida por Goebbels: “con una
repetición suficiente y la comprensión sicológica de las personas implicadas,
no sería imposible probar que de hecho un cuadrado es un círculo. Después de
todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo? Son meras palabras, y las palabras
pueden moldearse hasta disfrazar las ideas”.
Bibliografía
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of World War II”; Estados Unidos
de América, Editorial Amber Books, 2004.
de América, Editorial Amber Books, 2004.
IZQUIERDO
NAVARRO, Francisco. “La publicidad
política. Cómo se convierte a un hombre en un candidato”. Editorial
oikos-tau. Vilassar de mar-Barcelona.
HUICI MÓDENES, Adrian.
“Estrategias de la persuasión. Mito y propaganda política”. Ediciones Alfar.
Pág. 37.Sevilla 1996. Fecha de consulta 20/05/2013.
PIZARROSO, A., Historia de la
Propaganda. Eudema (Ediciones de la Universidad Complutense), 1993 (Segunda
edición, ampliada).
AZNAR FERNÁMDEZ-MONTESINOS,
Federico. “La imagen y
la construcción de narrativas en los conflictos”.
Web grafía
JIMÉNEZ
GASCÓN, Zoraida. “La propaganda bélica en el cine de Howard
Hawks durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”. Universidad de Sevilla.
MARTÍN LÓPEZ,
Enrique. “Análisis de contenido.”
Revista de estudios políticos, 1963.
LEWANDOWSKI, Nick. “Teoría de la bala mágica en los medios masivos”.
Editorial
Claqueta. “Cine Japonés”
CURROS, Oscar y LEITE, Nuno. “La propaganda de
guerra”. Asociación de técnicos de
informática.
[2] ganador
del premio Nobel de literatura en 1921
[3] Pero fue solamente en la Primera
Guerra Mundial (1914-18) cuando la propaganda comenzó a expandirse hacia el
mundo político y filosófico, con una organización más específica.
[4] Estos métodos tenían como
objetivos principales mantener la confianza de las tropas propias e intimidar a
las fuerzas opositoras.
[5] Así, el principal vehículo propagandístico durante la
Primera Guerra Mundial fue la prensa escrita; durante la Segunda Guerra
Mundial, la radio y el cine; tras 1945, la televisión; y en la actualidad los
medios digitales.
[6] Una docena de ellas transmitían
información local y los éxitos militares japoneses mientras la intercalaban con
música occidental, todo ello con el propósito de guerra psicológica.
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