jueves, 28 de abril de 2016


La propaganda. Propaganda Japonesa en  la II Guerra Mundial.




Resumen

Propaganda es por definición el acto o efecto de propagar o difundir una idea, opinión o doctrina. En torno a ella siempre ha habido diferentes visiones y corrientes de pensamiento, tantas como modos de usarla y siempre para conseguir determinados fines. Fue durante la Primera Guerra Mundial cuando ésta comienza a ser usada con el fin de menoscabar el buen hacer del enemigo, en aquella época era considerada incluso un concepto progresista. El concepto de propaganda, transformado en guerra psicológica en la Segunda Guerra Mundial, la distorsión, manipulación y desinformación de la realidad pública y política, avanzó de esta manera hasta la guerra y hasta nuestros días.


Summary

Propaganda is by definition the act or effect of spreading or spread an idea, opinion or doctrine. Around it has always been different views and schools of thought, as many as ways and always use it for certain purposes. It was during the First World War when it begins to be used in order to undermine the good work of the enemy, at that time was considered even a progressive concept. The concept of propaganda psychological warfare transformed into World War II, distortion, manipulation and misinformation of the public and political reality, advanced in this way until the war and until today.

Palabras clave

Propaganda, propaganda de guerra, persuasión, comunicación, publicidad, política de guerra, segunda guerra mundial, propaganda japonesa, transmisión de propaganda.

Keywords

Propaganda, war propaganda, persuasion, communication, advertising, politics, war, World War II Japanese propaganda, propaganda transmission.














Índice









































Contexto histórico

El comienzo de la II Guerra Mundial, en septiembre de 1939, dio a Japón una nueva oportunidad para extenderse por el Sureste Asiático, después de haber alcanzado varios acuerdos diplomáticos. En septiembre de 1940 Japón estableció una alianza tripartida con Alemania e Italia, el denominado Eje Roma-Berlín-Tokio, que aseguraba ayuda mutua y total durante un periodo de diez años.

Retrocedamos al año 1941. Japón ataca territorios de Estados Unidos en el Pacífico tras la aprobación del emperador Hirohito, tomando como punto de inflexión el ataque a Pearl Harbour el 7 de diciembre de ese mismo año. De este modo, Japón se alinea con el Eje, apoyando a Alemania e Italia en una postura totalmente belicista y declarando la guerra a los Estados Unidos. Todo ello, como seguramente sepáis, terminó en la derrota japonesa por parte de los Aliados con la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, así como la entrada de las tropas soviéticas en el frente asiático, que mermó considerablemente el número de soldados japoneses en territorios chinos.

La II Guerra Mundial fue un punto de inflexión para el mundo publicitario, que hasta entonces se centraba en la propaganda militar con el objetivo de elevar la moral de los soldados y la nación, así como de debilitar la de los enemigos.

Por ello, la actividad propagandística de los gobiernos estuvo en plena vigencia durante el periodo de entreguerras. En la II Guerra Mundial se utilizó como apoyo a las acciones de política internacional. El caso más destacado es la radio. El cine y los noticiarios filmados fueron los medios de comunicación social de la clase trabajadora. En general, se consigue la eficacia de la censura y la propaganda.

La guerra se describe con tintes gloriosos, de buena y justificada. Los soldados son representados como héroes dispuestos a sacrificarse sin remordimientos.


Comunicación

Toda comunicación, en la medida en que supone transmisión de ideas, valores o ideales, bien de modo implícito, ya expresamente, se nos muestra como receptáculo de un contenido proyectivo, cuya virtualidad operativa puede patentizarse, en primer lugar, en la modificación de formas de pensar y de sentir, y en segundo, en la aparición de nuevas formas de obrar adecuadas a aquéllas.

Silbermann, destaca la influencia de Freud, y especialmente de su libro Die Traumdeutung, publicado en el año i9oo, que intenta arrojar luz, experimentalmente, sobre los elementos irracionales de la conducta humana, y de modo primordial, sobre lo relacionado con el simbolismo, el lenguaje y el mito.

Por ello los investigadores de las ciencias sociales próximos al psicoanálisis comenzaron a comprender la necesidad de analizar en su contenido y significado los símbolos que se utilizan dentro del sistema social de la comunicación (verbales, gráficos, musicales, etc.), lo que dio lugar al desarrollo de una técnica científica interpretativa.

A partir de 1935 surgen las primeras investigaciones dignas de atención, que condujeron al desarrollo de ésta técnica. En conexión con nuestras consideraciones introductorias, y coincidiendo en ello las apreciaciones de Sübermann, es preciso destacar cuatro factores sociales que influyeron decisivamente en el incremento de la atención prestada al análisis de contenido:

 -El rápido desarrollo de la Prensa, la radio y el cinematógrafo.

 -El aumento de la importancia concedida a la opinión pública.

- La extensión creciente de la propaganda política y de la publicidad comercial

- La segunda guerra mundial, planteada ideológicamente sobre el principio de la «guerra total». Dentro de tal contexto histórico-social, Lasswell subrayó la importancia política del-análisis de contenido, desarrollando nuevos temas teóricos y prácticos.


Comunicación y persuasión

Con comunicación de masas es fácil llegar a un gran público, la propaganda bien hecha surge efecto históricamente.

Los sofistas pensaban que la verdad no existe y que la postura que pasa a ser considerada verdad es la que mejor se defiende en el discurso o la imagen, especialmente gracias a la fascinación y seducción.

Con el tiempo, el saber evoluciona y se aterriza en el siglo XX con la creación de organismos públicos y ministerios específicos para ejercer la persuasión sobre las masas, como las efectivas iniciativas estadounidenses, alemanas, inglesas o soviéticas de la Primera Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial inquietó a los científicos, entre otros muchos aspectos, por la capacidad del régimen nazi para persuadir con tanto éxito a una sociedad tan avanzada como la alemana.

Muy especialmente la psicología social de las actitudes abordó el fenómeno de la persuasión desde la comprensión y medición de actitudes y la explicación de los fenómenos que llevan al cambio de actitudes.

William McGuire enuncia una sucesión de pasos que debe seguir un mensaje para que sea persuasivo: exposición, atención, comprensión, aceptación, memorización, y comportamiento.

Sin embargo, hoy sabemos que no son necesarias todas las fases. En función de la motivación por atender y de la capacidad para atender los mensajes, las personas pueden ser persuadidas por la “vía central” o la “vía periférica”, según el “modelo de probabilidad de elaboración” de Richard Petty y John Cacioppo. Según este modelo, el cambio de actitud tiene lugar por el  recorrido central cuando la persona tiene motivación por el mensaje y capacidad para entenderlo, generándose un cambio actitudinal fuerte y duradero. Por el contrario, si el cambio tiene lugar por el recorrido periférico, es temporal y débil y se basa en aspectos periféricos de la fuente o del agrado del mensaje.

La historia de la publicidad y la propaganda es también la historia de la comunicación social, solo podemos hablar de propaganda cuando nos encontramos con los primeros atisbos de este tipo de comunicación.

Podíamos decir que la historia puede considerarse como un hecho de propaganda, en tanto que como discurso y disciplina intelectual, su origen debe situarse en los líderes y grupos de poder que, en su deseo de autoglorificación y perpetuación en el poder, encargan a determinados individuos que “cuenten” sus hechos y sus hazañas.

Así pues desde el momento que reconocemos una intención persuasiva en un discurso determinado, podemos hablar ya de una cierta dimensión propagandística.

Se puede decir que no se concibe la propaganda o la publicidad comercial sin un componente de persuasión.

Muchos consideran que la persuasión es una actividad  reservada a quienes carecen de ética. La persuasión es una forma de comunicación en la que debe participar toda persona que se arriesga a entrar en comunicación con los demás. Se tiende a ver por lo general solo los aspectos negativos de la propaganda, debido a que se asocia con manipulación, persuasión engañosa, etc.…

Sólo el que lidera la opinión de los públicos tiene la ventaja de afectar la credibilidad de la masa.

Mito y propaganda

A través del mito se puede persuadir, movilizar  o coaccionar para evitar que las gentes hagan cuestionamientos y objeciones del sistema dominante.

Si nos remitimos al concepto tradicional de persuasión, tal como desprende de la Retórica de Aristóteles, se trataría de la utilización de unos argumentos lógicos, acompañados de unos recursos formales que permitirían la aceptación de nuestras ideas o posiciones por parte de un receptor, o la aproximación de una postura a la nuestra. Se trata pues de convencer para modificar ideas o actitudes y para suscitar determinadas conductas. Mario Herreros defiende esta postura diciendo: El significado de persuasión en sentido vulgar es el acto de convencer a otros con razones sobre cualquier cuestión. Más para este convencimiento no es necesario el uso de argumentos verdaderos.

La eficacia de los mitos no debe buscarse en la verdad que pudieran contener sino en su eficacia, en la capacidad de “operar” sobre la realidad.

Manuel García Pelayo en su libro Los mitos políticos habla de “función esclarecedora del mito”:

Aunque parezca paradójico, una de las funciones del mito, es esclarecer y concretar, a través de sus imágenes y símbolos y, en general, de sus representaciones, lo que las gentes sienten y desean en forma vaga, inconcreta y difusa, así como proporcionar un esquema interpretativo, tanto de los procesos totales como de las partes o acontecimientos que lo componen y, ello, unas pautas de actuación ante los objetos. (1980:25)

A través de una visión mítica el hombre es capaz de las conductas más extremas, desde el genocidio al sacrificio de la propia vida en pos de una imagen que en el fondo solo constituye el revestimiento de una pura abstracción.

Al inyectar mitos a la guerra, se atribuyen significados a eventos, hechos, lugares y cosas. Los mitos nos permiten darle sentido a la destrucción, el caos y las muertes causados por la guerra.

Teoría de la bala mágica y agenda Setting

La teoría de la bala mágica, que no es la bala mágica de JF Kennedy, sino una teoría que explica que los mensajes de un medio de comunicación deben ser captados por la audiencia de manera uniforme, no parecido ni semejante, sino de la misma manera en todo el público para que las reacciones de éste sean disparadas por estímulos.

Durante esta época comienzan a sentarse las bases de la llamada teoría de la aguja hipodérmica o de la bala mágica, una teoría de la comunicación que, ante el efecto que tuvieron durante las guerras los mensajes propagandísticos, defendía que la comunicación de masas es un arma de manipulación que no encuentra resistencia y afecta a los receptores por igual de manera unidireccional, de esta manera sostiene que las emisiones de los medios de comunicación dan forma directamente a las opiniones y acciones de los espectadores. Según esta teoría, la información es "disparada" o "inyectada" directamente en el espectador, y luego guía sus acciones. La teoría surgió a mediados y finales de la década de 1930, cuando los investigadores estaban examinando la propaganda de la Primera Guerra Mundial y el uso de los medios de comunicación por parte de la Alemania nazi.


La agenda Setting indica que la influencia de los medios no se realiza directamente sobre las actitudes políticas sino sobre la prelación de cuestiones. El modo en que los medios informan influye sobre la importancia que las personas otorgan determinadas cuestiones, facilitando a qué aspectos se presta más atención y actuando sobre la vía central, que, recordemos, es la responsable de las actitudes más duraderas. El punto central de esta teoría es la capacidad de los mass-media para graduar la importancia de la información que se va a difundir. Más claramente, la teoría del "establecimiento de la agenda" dice que la agenda mediática, conformada por las noticias que difunden los medios informativos cotidianamente y a las que confieren mayor o menor relevancia, influye en la agenda del público.


El comité Creel

Dirigido por George Creel; tuvo la idea de reunir a grandes pensadores para dar difusión a sus mensajes a favor de ir a la guerra. Todo a través de la prensa[1]. El comité creó, en 1917, un catálogo de diez principios para conseguir que su mensaje calara entre la población. No son los únicos principios, también están los similares de Lord Porsonby o los de Anne Morelli.

1. Nosotros no deseamos la guerra.
Ningún país quiere la guerra, y si entra en ella es porque le obligan las circunstancias. No tiene más remedio.

2. El adversario ha empezado.
En 1939, el régimen nazi montó un incidente en la frontera que tenía por objeto hacer creer que Polonia iniciaba las hostilidades contra Alemania La Oficina de Prensa del Reich del Partido Nazi dio instrucciones a la prensa de evitar el uso de la palabra guerra. A modo de táctica destinada a presentar a Alemania como víctima de la agresión, debían informar que las tropas alemanas simplemente habían repelido los ataques polacos. Y la responsabilidad de declarar la guerra recaería sobre los británicos y los franceses.

3. El adversario es moralmente condenable.
Antes del ataque alemán a Polonia del 1 de septiembre de 1939, el régimen nazi lanzó una agresiva campaña en los medios de comunicación para obtener el apoyo público. Para presentar la invasión como una acción defensiva moralmente justificable, la prensa alemana resaltó las “atrocidades polacas”.

4. Nuestra intervención es noble y somos los buenos.
La intervención en Libia en 2011 se debió a la intención de salvar a unos civiles a los que había que proteger de la brutalidad de las fuerzas de Gadafi. Era, según la propaganda occidental, una lucha a favor de los derechos de la ciudadanía líbia, y a favor de la democracia.

5. El enemigo comete atrocidades.
En octubre de 1990, una adolescente de 15 años testificó públicamente en una sesión del Congreso de los Estados Unidos que debía dar luz verde a la intervención en Irak. Iba a ser una de las mayores mentiras de esa guerra para movilizar a la opinión pública norteamericana. Ante las cámaras, la joven afirmó, entre lágrimas, que cuando los iraquíes llegaron al hospital de Kuwait habían sacado nada menos que 312 niños prematuros de las incubadoras y los habían arrojado al suelo para incautarlas y trasladarlas a Bagdad. La noticia dio la vuelta al mundo. Cuando después de la guerra el periodista John Martin, de la cadena ABC, entrevistó a médicos y enfermeras de ese hospital, nadie conocía a la joven Nayirah. Todos negaron la historia de las incubadoras. La joven que declaró ante el Congreso, no sólo no era enfermera de aquel hospital, sino que resultó ser la hija del embajador de Kuwait en Washington, Saud Nasir Al Sabah. Su falso testimonio había sido cuidadosamente preparado y ensayado por una de las principales firmas internacionales de relaciones públicas: Hill & Knowlton. Bush se refirió a este caso más de siete veces en sus discursos, durante la campaña de pre-guerra.
Dentro de este principio entraría también la idea de que ellos cometen atrocidades, pero si las cometemos nosotros son bajas civiles “accidentales” o “daños colaterales”, sin querer, o muy a menudo, causados porque los adversarios colocan queriendo a los civiles como escudos humanos.

6. Sus pérdidas en la guerra son superiores a las nuestras.
En el inicio de la guerra de Irak de 1990, los espectadores mundiales se quedaron con la idea de que era un conflicto sin mentira, toda vez que el conflicto se transmitió en directo. Pero no podían estar más equivocados. Las imágenes fueron controladas integralmente, y se asistió casi una película de guerra realizada en directo. En el final, se constató que más de 90% de las imágenes mostraban el poderío bélico americano, y que jamás se pudo ver un soldado estadounidense herido o muerto.

7. Esta es una guerra justa (Dios nos apoya).
Franklin Roosvelt decía en 1941, durante la segunda guerra mundial que “la llama de la democracia debe seguir ardiendo. Para conservar esta llama, cada uno de nosotros debe aportar todas sus fuerzas. El esfuerzo personal de cada individuo puede parecer mínimo, pero hay 130.000.000 de individuos, y aún más en Gran Bretaña y en otras partes, que defenderán valientemente la llama de la democracia y de la aniquilación de la barbarie”.

8. Los intelectuales nos apoyan.
Durante la primera guerra mundial, el pacifista y escritor Anatole France[2] quiso enrolarse en el ejército francés a sus 70 años. Este gesto patriótico fue usado por el gobierno francés como símbolo de que todos debían enrolarse y de que era una guerra justa.

9. El enemigo usa armas prohibidas.
Durante la primera guerra mundial, el ataque con submarinos era visto –y difundido- por los aliados como desleal y poco ético. “Casualmente” los alemanes eran además maestros -al contrario que los Aliados- en el uso militar de los submarinos. El torpedeo del Lusitania (1915) fue particularmente explotado y presentado por la propaganda aliada como un acto de bárbara piratería. Este tema surgía a menudo en los discursos del presidente Roosvelt.
10. Todas las personas que dudan son traidores o son víctimas de la propaganda del enemigo.
Theodore Roosevelt, durante la primera guerra mundial dijo: “cualquiera que exprese directa o indirectamente su simpatía por Alemania en Estados Unidos, debe ser detenido, fusilado, ahorcado o encarcelado para el resto de sus días“.
Durante la segunda guerra mundial, y a pesar de la transmisión pública y la publicación de declaraciones generales sobre el objetivo de eliminar a “los judíos”, el régimen de Hitler utilizaba una propaganda engañosa que ocultaba detalles específicos de la “Solución Final”, y los controles a la prensa impedían que los alemanes leyeran las declaraciones de los líderes aliados y soviéticos en las que condenaban los crímenes alemanes.


Definición de propaganda y propaganda actual

El diccionario de la RAE. Define el término propaganda como “acción o efecto de dar a conocer una cosa con el fin de atraer adeptos o compradores. La propaganda es un efecto de persuasión, porque implica la creación, reforzamiento o modificación de una respuesta; pero también es un proceso de información sobre todo en lo que se refiere al control del flujo de la misma.

También podemos definirla como “el acto o efecto de propagar o difundir una idea, opinión o doctrina”. En latín antiguo, propaganda significaba “cosas para propagar”.

El propagandista tiene que comenzar por ser “uno más” del grupo al que se dirige aunque muchas veces se sitúa en un escalón superior, pues el prestigio y la autoridad de la fuente en la propaganda es un factor de intensificación de esta.

El fenómeno de la propaganda es inherente a la organizaron estatal. Estadio y propaganda son inseparables. La propaganda es, pues, propaganda política, civil, estatal o contrapropaganda. Puede ser un fenómeno muy concentrado en el tiempo o desarrollarse a largo plazo.

La aparición de religiones y sociedades organizadas favoreció la proliferación de las primeras formas de propaganda.

El origen del término propaganda está en “la sacra congregatio de propaganda FIDE” constituida de manera definitiva por la bula Inscrutabili divine, de 1622, emitida por el papa Gregorio XV, nacida como instrumento de lucha de la contrarreforma.[3] La finalidad era la de profundizar y extender la evangelización de los numerosos pueblos paganos que los grandes descubrimientos geográficos ponían a disposición de la iglesia y, por otra, la de contener y neutralizar la creciente amenaza que representaba el avance de la Reforma en la Europa del norte. (cfr. Pizarroso: 1993)

Se define su propaganda a las actividades que tienden a facilitar la multiplicación de los emisores de propaganda. En buena medida coincide con el conocido fenómeno de “las relaciones publicas” en el terreno de la actividad comercial o de negocios.

Lasswell ve la propaganda como la “técnica para influenciar la acción humana, a través de la manipulación de representaciones”. A su vez, Reyzábal cree que el concepto de propaganda está “íntimamente ligado con la acción de divulgar doctrinas e ideologías para conseguir adeptos a las mismas”.

A día de hoy, la opinión pública se ha convertido en un elemento clave en los conflictos, así también en las redes sociales se escenifican estos conflictos para ganarse a la opinión de la ciudadanía, ya no solo en clave interna, sino también en clave global. Es especialmente usual en estos tiempos la utilización de imágenes. Una imagen es siempre una verdad aparentemente indiscutible dirigida al ámbito emocional. La selección de la imagen permite retener y repetir el momento y tiene un efecto multiplicador muy útil, especialmente en las redes.



Tipos de propaganda.

La propaganda se puede clasificar dependiendo de quién es el emisor.

-Propaganda blanca. Seria aquella en la que la fuente, o emisor, está correctamente identificada y el contenido de su mensaje tiende a ser preciso.

-Propaganda negra. La fuente emisora esta deliberadamente falsificada, independientemente de la falsedad o veracidad del mensaje.

-Propaganda gris. Cuando la fuente puede o no ser correctamente identificada y la exactitud del mensaje es incierta.


Técnicas propagandísticas.

-Simplificación. El mensaje propagandístico ha de ser breve y claro, debe concentrarse en un solo objetivo, hay que localizar un enemigo y contra el concentrar todos los argumentos.

-La exageración. Minimización o desfiguración de la información permiten al propagandista destacar aquello que le interesa. Además, como decía Goebbels, toda falsedad es más creíble cuanto mayor sea.

-Se difunda de forma “orquestada”. Esto es que se repita pero no de forma monótona, sino adoptando nuevas formas y canales. A su vez, esta repetición debe llevar un ritmo, generalmente incresendo para ser más eficaz.

-Punto de contacto. Entre el propagandista y la audiencia. Este primero debe identificarse con su audiencia para transmitir su mensaje.

-Contagio. La velocidad de este suele ser mayor si este mensaje prende en primer lugar  la elite del grupo.

-Contrapropaganda. Siempre se produce después de un proceso de propaganda. El propagandista debe conocerla y contar con ella de antemano para neutralizar su efecto. Un método fundamental de contrapropaganda es la propaganda negra, consiste en falsificar una fuente de propaganda y sus mensajes como si estos fuesen del adversario.


El poder de la imagen en la propaganda

Las imágenes dinámicas o estáticas han servido como principal medio para que los órganos reguladores implanten sus modelos.

A través de las imágenes se puede actuar más fácil y directamente sobre los sentimientos y emociones. Esta, la imagen, puede llegar a ser sustituta del pensamiento, día a día los medios audiovisuales y la información revolucionan nuestra percepción del mundo.

Estas imágenes son temibles cuando se ponen al servicio de ideologías y fines totalitarios, no democráticos, o simplemente, para potenciar una propaganda eminentemente manipuladora  y engañosa que oculta, detrás de la imagen, la verdadera naturaleza de un político, gobernante o alto cargo.

Se trata de la sustitución parcial o total de las ideas por una imagen, la cual antepone emociones a conceptos, y así se realiza una asimilación inconsciente de una serie de imágenes que apuntan antes a sus deseos, fobias o emociones y esperanzas que a su capacidad analítica.

Como indica Federico Aznar: “El poder es por encima de todo imagen. Y la recrea e interpreta continuamente, dando valor a unos aspectos o a otros, desde una atalaya cuya principal atributo es erigirse y ser constructor de la verdad, de modo que el poder se ejerce a través de su producción. La verdad propia debe explicitarse y la forma más barata e indiscutible de hacerlo es a través de una fotografía”.


Propaganda política

Este fenómeno de expansión no podría haberse dado sin la presencia de otro fenómeno paralelo llamado mass media. Por lo que se puede decir que la publicidad política, debe ser entendida como un tipo especial del proceso comunicativo cuya finalidad debe situarse en la esfera de lo ideológico, puesto que de lo que se trata es de consolidar, implantar o modificar opiniones.

Se discute acerca de cuál de las dos fue primero, si la publicidad comercial o la política, a lo que Adrian Huici Módenes responde “fue la publicidad política la primera en alcanzar pleno desarrollo y sistematización metodológica”.

Así pues antes que “publicidad” aparece “propaganda”, asociada, obviamente, a la esfera del poder eminentemente religioso.

Después de la segunda guerra mundial “publicidad política” se ve sustituida por “propaganda”.

A partir de la segunda mitad del siglo pasado la publicidad política se ha apropiado de los métodos desarrollados y perfeccionados por la publicidad comercial. Las causas de este fenómeno corresponden con el triunfo del neocapitalismo.


Marketing político

Significa, naturalmente, la reducción de los políticos a imágenes de mercado. Es una forma de propaganda que termina por crear las llamadas democracias de mercado. Así, llegamos a la conclusión de que las ideologías son una técnica de marketing que consiste en el estudio de las necesidades y deseos colectivos y en el análisis concienzudo del competidor para conseguir así la elaboración de los mensajes más convenientes a los fines electorales.

Para Qualter:

…el posicionamiento estratégico, probablemente, aumenta las oportunidades de los candidatos que no tienen convicciones morales fuertes y profundamente arraigadas. Si no se promueve necesariamente el cinismo político o la ambivalencia moral, no hace nada para desanimarlo o inhibirlo. (Ob.cit.:181-2)

Entonces llegamos a la pregunta: ¿Qué trucos hemos de emplear para que nos vote a nosotros o nos crea  a nosotros en vez de al competidor o al enemigo?

Debemos seguir todo el paso de la publicidad comercial para obtener los mismos resultados con la publicidad política.

Necesitamos un producto bien presentado que destaque de los demás, que sea atractivo y que tengan el tamaño y el precio exactos que el público espera del mismo. Hemos de preparar la preventa del producto por medio de una campaña de publicidad. Y para finalizar debemos seguir las “reglas de oro” del diseño comercial.


Propaganda de guerra

La propaganda de guerra consiste en  un tipo de comunicación persuasiva altamente especializada, que  se encuentra en todo tipo de medios. También podemos definirla como lo hace Daugherty “el uso planificado de propaganda y otras acciones orientadas a generar opiniones, emociones, actitudes y comportamientos en grupos extranjeros, enemigos, neutrales y amigos, de tal modo que apoyen el cumplimiento de fines y objetivos nacionales”.  La propaganda de guerra tiene un aspecto particular, por el que es denominada usualmente “Psychological Warfare” o “Guerra psicológica”, un concepto nacido en Estados Unidos.

Los propagandistas bélicos, los cuales nacieron con los propios conflictos armados, siempre utilizaron los últimos avances tecnológicos en comunicación para optimizar su capacidad persuasiva. A su vez, fueron usados métodos de engrandecimiento de las fuerzas y de diseminación de información no verdadera[4]. Así podemos señalar un ejemplo de entre un gran número como fue el esquema de proliferación de información falsa en el régimen nazi, la cual  pasó a la Historia como “la gran mentira”.

Pero no siempre es necesario recurrir a la mentira, también hay métodos como la utilización de eufemismos.

Los métodos usados entonces para su transmisión fueron diversos, pasando por la palabra escrita y oral, imagen o acción, entre otros[5].



Gracias a la propaganda norteamericana de la primera guerra mundial, otros países se dan cuenta que es necesario influir en los pensamientos de la gente por medio de la propaganda. Joseph Göbbels, un alemán que sería de gran importancia en la guerra propagandística de la segunda guerra mundial, fue un arduo estudiante de la propaganda norteamericana. Fue gracias a ésta, que se empezaron a hacer institutos dedicados a propagandar la voluntad de hacer guerra.

Durante la segunda guerra mundial, se buscaba describir ésta con tintes gloriosos, de buena y justificada. Los soldados, normalmente eran representados como héroes dispuestos a sacrificarse sin remordimientos.

También se debían inyectar mitos a la guerra, atribuyéndole así significados a eventos, hechos, lugares y cosas. Éstos permitían darle sentido a la destrucción, el caos y la muerte causados por la guerra.

Podía ser creado con diferentes géneros, tales como los superhéroes, las fantasías o los hechos históricos.



La educación relacionada con la propaganda en momentos de guerra

La educación no puede ni debe ser propaganda. Si la educación se desvía de sus fines e invade el terreno de la propaganda, entonces se desnaturaliza y pierde todo su valor.

A esta postura tan rígida responde Pizarroso que “la educación es siempre propaganda” aunque haciendo matizaciones. Señala que “la historia de la toma de conciencia del movimiento obrero del siglo XX es un ejemplo de ello”. (Ob.cit.:32)

La escuela ha sido empleada por muchos regímenes políticos como vivero de futuros adeptos.

La educación es siempre una manipulación de la conciencia humana. En los regímenes democráticos, en la escuela se hace propaganda de los sistemas y en todos los países se fomenta un patriotismo más o menos mitigado. La escuela forma a futuros ciudadanos y, para ello, ha de adaptarlos a los valores sociales vigentes en cada momento.

Antes y durante la guerra, la educación japonesa estaba basada en el sistema alemán con "Gymnasium" y universidades para estudiantes después de la escuela elemental. Durante la ocupación, el sistema educativo secundario japonés fue cambiado para incorporar escuelas secundarias de tres años (junior high y senior high) similares a aquellas de los Estados Unidos: la primera de ellas se hizo obligatoria y la segunda siguió siendo opcional.

El Edicto Imperial sobre Educación fue derogado y el sistema imperial universitario fue reorganizado. La cuestión de larga data sobre la reforma de la escritura japonesa, que había sido planeada por décadas, pero que fue rechazada continuamente por los elementos más conservadores, también fue resuelta durante este tiempo. El sistema de escritura japonesa se reorganizó drásticamente con la lista Tōyō kanji en 1946, predecesora de la actual Jōyō kanji, y la ortografía fue alterada en gran medida para reflejar el uso hablado.


Historia de la propaganda en Japón.

El Japón había llevado a cabo durante los años treinta una política imperialista en toda Asia secundada de una eficaz propaganda. En 1936 el gobierno había formado un comité de información para controlar las actividades de la propaganda. Para entonces los japoneses disponían ya de una agencia  nacional de noticias (domei-Sha, controladas por un Comité Gubernamental, fundada en 1935) y de un importante sistema de radiodifusión (NHK).

Tanto la prensa como las como las emisiones radiofónicas estaban sometidas en la censura previa desde 1937 momento del comienzo de la guerra contra China.

En 1941 fue creado un nuevo consejo de planificación de la radiodifusión  dominado por los ministerios del ejército, marina y comunicaciones, dedicado exclusivamente a la propaganda de guerra.

En 1940 se crea la oficina de información del gabinete la cual se estructuraba en cinco divisiones y diecisiete secciones que abarcaban todos los campos posibles de información y propaganda.

También existieron departamentos de información del ejército  en el que las tareas estaban dividida por secciones todo bajo el control del cuartel general imperial.

Dentro del totalitarismo japonés encontramos su libro de cabecera el cual es una especia de guía moral, y está formado de viejos textos mitológicos sobre la superioridad japonesa, la continuidad dinástica, la voluntad imperial,, lealtad, respeto filial ,etc.…

Cuando Japón entro en guerra, diciembre del 41, su propaganda de guerra estaba plantificada. Al día siguiente del ataque de Pearl Harbour  fue dirigido por radio un escueto anuncio comunicando que el ejército y la marina imperiales habían comenzado las hostilidades contra las fuerzas británicas y norteamericanas en el pacifico Occidental.

Esta propaganda fue de escasa eficiencia entre otras cosas por el abismo cultural que separaba Japón de estados unidos.

La propaganda radiofónica japonesa hacia los estados unidos señalaba constantemente la decadencia americana, la desunión, la desconfianza de los aliados en estados unidos, cuando precisamente su ataque había contribuido a unir voluntades en el gigante americano.

La propaganda japonesa sostuvo hasta el último momento la idea de un Japón victorioso y de un enemigo en retirada, con lo que para muchos japoneses el anuncio de la rendición constituyo una verdadera sorpresa.


Características especiales de la propaganda japonesa

La propaganda japonesa tuvo una serie de características especiales que no tuvieron las de otros países, y estas provienen de su cultura. Durante la II Guerra Mundial se explotaron elementos tradicionales de la cultura japonesa: el kokutai, el hakkô ichiu y el bushido.


Kokutai: el concepto de Kokutai sólo se usó en Japón, y no contribuyó en el desarrollo de ideas políticas en otros lugares del mundo, a pesar de que el Imperio de Japón intentó exportarlo a otros países. Hace referencia a la identidad y estructura nacional, la cual en esta época se refiere al poder ostentado por el emperador y a la realidad de que todos los japoneses eran súbditos de este, siendo la nación japonesa superior al resto y defendiendo el ultra nacionalismo. Fue usado durante el Período Imperial como una ideología de inspiración y unificación, y proveyó la estructura política nacional que daría a lugar el sistema de monarquía constitucional basado en Occidente bajo la Constitución Meiji de 1890. Esto resolvió muchas de las incógnitas sobre la comprensión de esta Constitución. Adicionalmente, su irracionalismo fundamental es horrible y ofensivo para muchos, a pesar de que es una característica compartida por otros sistemas políticos basados en ideas religiosas.

Hakkô ichiu: es un eslogan político que significa “todos bajo un mismo techo” y que conlleva una gran importancia espiritual, pues proviene de las palabras de Jimmu, el primer emperador japonés que, se dice, desciende de la diosa del sol Amaterasu; ensalza por tanto la divinidad del imperio y del propósito de expansión, pues dichas palabras significaban que el imperio japonés había sido ordenado por los dioses para unificar el mundo entero. Estas palabras fueron popularizadas en un discurso pronunciado por el Primer Ministro de Japón Fumimaro Konoe el 8 de enero de 1940.

Bushido: en tercer lugar, el camino del guerrero, adoptado por los samuráis como su modo de vida, y manipulado en esta época para significar lealtad y sacrificio, presentando a la guerra como algo purificador y la muerte como un deber hacia tu nación; así pues el suicidio (seppuku) ante el fracaso o los ataques de los kamikazes son justificados bajo las normas del bushido. Si un samurái fallaba en mantener su honor, podía recobrarlo practicando el seppuku. Se dice que desde pequeño, el bushido era inculcado a los japoneses de la clase dirigente incluso antes de despegarse del pecho de la madre.

De este modo podríamos afirmar que los elementos principales de la propaganda japonesa durante la segunda guerra mundial eran el ensalzamiento nacional, el anti-occidentalismo y, procedente de éste, el anti-comunismo. También apelaban a otros valores como el antisemitismo, pues culpaban a los judíos del auge occidental. Todo ello englobado dentro de la “Greater East Asia Co-Prosperity Sphere”, una idea vendida con el lema de “Asia para los asiáticos” que justificó también el expansionismo apelando a que los gobernantes de países como China eran títeres de occidente. De este modo, se lanzaron folletos en distintos lugares de Asia como la propia China, Filipinas, Corea o India, donde se llamaba a la conciencia asiática y a la necesidad de expulsar a los occidentales del continente, poniendo fin a las explotaciones coloniales que se aprovechaban de ellos.


Transmisión de la propaganda.

La propaganda de guerra se transmitió a través de diferentes medios de comunicación de masas como pueden ser el cine, la prensa o la radio mediante los dibujos animados o la literatura, la que se implantó en el sistema educativo.

 El cine fue una de las herramientas más utilizadas por Japón durante este tiempo con la meta de concienciar al pueblo de la necesidad de la guerra y de presentar el contexto internacional de una manera “apropiada”.

La radio  también sirvió para ello, realizándose escuchas de programas concretos en las escuelas y comunicando los mensajes del gobierno, así como impulsando ese sentimiento anti-americano a través de altavoces en las ciudades. Tuvo un papel esencial en la propaganda militar japonesa con la llamada “Rosa de Tokio”. Las radio-transmisiones japonesas se realizaban mediante radios de onda corta, sin embargo, la “Rosa de Tokio” era otro cantar, pues su propósito era minar la moral estadounidense colándose en sus filas a través de transmisiones en inglés[6].


La radio japonesa.

Tenía ya un desarrollo considerable poco antes del comienzo de la guerra. En 1939, el número de licencias de receptores era de 4 862 137, cuando Japón entro en guerra, había pasado de ser 6 624 326, y en 1944 había alcanzado los 7 437 688, con lo que se puede calcular que la audiencia de la radio alcanzaba casi el cincuenta por ciento del total de la población japonesa.

 En cuanto a sus programas para el exterior, la NHK  emitía en onda corta cinco horas de programación en dieciséis lenguas distintas en 1939. En diciembre de 1941, sus programas ocupaban las 24 horas del día y se dirigían a China, Tailandia, la Indochina Francesa y también hacia Hawái y la Costa Oeste de Estados Unidos. Más tarde comenzaron también a transmitirse programas para Alemania e Italia y en 1943 emitían un total de catorce transmisiones en veinticuatro lenguas.

De los seis mil miembros de la NHK, unos cien trabajaban en la sección exterior, cuyas actividades estaban dirigidas por un comité en el que estaban representados los ministerios del ejército, la marina, exterior, interior, Gran Asia y comunicaciones.

En los programas para el exterior si se difundía música occidental, totalmente eliminada para el consumo interno, y otros programas propagandísticos, sobre todo mensajes de los prisioneros de guerra.


La industria cinematográfica japonesa.

El cine es un medio muy eficaz para la difusión de propaganda porque «el espectador recibe pasivamente los mensajes, envueltos en historias –de ficción o no– que actúan directamente sobre sus emociones, valores, inquietudes o temores» (Guerra y Tajahuerce, 1995: 52).

El militarismo en el poder, trató de imponer las películas “patrióticas” y de propaganda, acentuando la censura para una enorme producción de 600 a 700 filmes anuales. Dos realizadores se destacaron durante esa década, Hiroshi Inagaki (1905-1980) e Hiroshi Shimizu (1903-1966), este último bajo una “visible influencia de René Clair”.

La industria del cine estuvo sometida desde 1939 a un rígido sistema de licencias, y la política cinematográfica japonesa se inspiraba en el ejemplo alemán. En 1939 estalla la guerra en Europa y en 1941 Rusia y los Estados Unidos entran en la contienda, transformándose en la llamada I Guerra Mundial. El militarismo japonés en el poder -como en todas las otras potencias- ejerció una estrecha vigilancia sobre el cine, ahogando así sus libertades. Pero, al finalizar la guerra, tras el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, se da rápidamente un resurgir del cine como medio de expresión, similar -aunque de menos resonancia- al de la Italia derrotada.

A partir de los años 50, los grandes talentos de Mizoguchi, Kinugasa y Ozu llegan a su plena maduración estética. Teynosuke Kinugasa (1896-1982) nos brinda una obra maestra del melodrama japonés con Las puertas del infierno (1953), maravilla de filme en color, ritual, como las mejores obras japonesas, con una secuencia inicial antológica, la “sugerencia” de un ataque de guerreros a un campamento, resuelto en una suma de detalles, más que en el panorama general de la batalla.

Antes del ataque de Pearl Harbour, las distintas compañías dedicadas a la producción de noticiarios cinematográficos, se reunieron, por presión del gobierno, en una sola, la “Nippon Eigasha”. La guerra chino-japonesa había dado ya lugar a una amplia producción de documentales bélicos, que se prolongó hasta la segunda guerra mundial. Además de los documentales bélicos se produjeron otros  a través de los cuales se intentaba estimular la producción agrícola, el ahorro, o la participación de la mujer en la industria de guerra, etc.


La industria cinematográfica contra Japón.

Algunos directores del momento, como Frank Capra, William Wyler o John Ford fueron al frente y se incorporaron «a las fuerzas armadas con la misión de realizar documentales militares»  pero otros, como Howard Hawks, permanecieron en la retaguardia y participaron en la guerra a su manera: haciendo propaganda enmascarada como cine de ficción.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Howard Hawks rodó cinco películas: De todas ellas, Sargento York, Air Force y Tener y no tener son películas relacionadas con la guerra y, a excepción de la última, estamos claramente ante películas de propaganda bélica a través de las cuales Howard Hawks colaboró con el Gobierno de Estados Unidos.La idea que Hawks nos vende con Sargento York es que Estados Unidos debe entrar en la Segunda Guerra Mundial porque, a pesar de que la contienda se desarrolla a miles de kilómetros, tiene un papel que cumplir al igual que ocurrió en la Primera Guerra Mundial. Y para convencer a los estadounidenses de ello, las productoras Warner Bross y  First National recurren a la historia del sargento Alvin York, un héroe nacional de la Gran Guerra, muy querido y venerado en el país.

Con Air Force,  Howard Hawks les dice a los estadounidenses que a pesar de llevar dos años en la guerra y no ver aún cercano su fin, Estados Unidos tiene que seguir combatiendo. Y para ello recuerda el ataque japonés a las bases militares del Pacífico; un ataque que fue vivido por los estadounidenses como una traición por parte de los japoneses. Sólo han pasado dos años del trauma de Pearl Harbor y las otras bases atacadas, y Hollywood ya está utilizando ese trágico recuerdo en una película.


Propaganda en los comics japoneses

A principios de 1930, Japón se da cuenta que debe influir en las siguientes generaciones para convencerlos de una guerra justa. Siete años después entraría en guerra contra los chinos.Suiho Tagawa crea el personaje de Norakuro. Fue la caricatura que más se dio en Japón. Representa a un perro azul, que pelea con sus amigos caninos, en contra de unos cerdos (los cuales representan a los chinos). La historieta tenía cuentos de honor y valor.

Los japoneses habían sido influenciados por los comics norteamericanos, así que sus caricaturas contenían burbujas, en donde se encontraban los diálogos. El dibujo era muy simple, y sus escenas eran heroicas, como la que a continuación se presenta; en ésta, el perro guía a sus compañeros hacia el enemigo, deben pasar sobre el alambre de púas y entre balas que salen por todos lados.


Videos de interés

Racismo hacia los japoneses. Los que dibujaron la caricatura, ponen a los asiáticos de color amarillo y con dientes que son grandes. El conejo Bugs derrota a los japoneses, ya que éstos son muy estúpidos y les da paletas de granada.


Películas como “Cartas desde Iwo Jima” pensamiento de los japoneses durante esa época.

Videos de la segunda guerra mundial



Conclusión

Resulta pertinente recordar una vieja lección impartida por Goebbels: “con una repetición suficiente y la comprensión sicológica de las personas implicadas, no sería imposible probar que de hecho un cuadrado es un círculo. Después de todo, ¿qué son un cuadrado y un círculo? Son meras palabras, y las palabras pueden moldearse hasta disfrazar las ideas”.




Bibliografía

JORDAN, David; WIEST, Andrew; Atlas of World War II”; Estados Unidos
de América, Editorial Amber Books, 2004.

IZQUIERDO NAVARRO, Francisco. “La publicidad política. Cómo se convierte a un hombre en un candidato”. Editorial oikos-tau. Vilassar de mar-Barcelona.

HUICI MÓDENES, Adrian. “Estrategias de la persuasión. Mito y propaganda política”. Ediciones Alfar. Pág. 37.Sevilla 1996. Fecha de consulta 20/05/2013.

PIZARROSO, A., Historia de la Propaganda. Eudema (Ediciones de la Universidad Complutense), 1993 (Segunda edición, ampliada).

AZNAR FERNÁMDEZ-MONTESINOS, Federico. “La imagen y la construcción de narrativas en los conflictos”.


Web grafía


JIMÉNEZ GASCÓN, Zoraida.  La propaganda bélica en el cine de Howard Hawks durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”. Universidad de Sevilla.


MARTÍN LÓPEZ, Enrique. “Análisis de contenido.” Revista de estudios políticos, 1963.


LEWANDOWSKI, Nick. “Teoría de la bala mágica en los medios masivos”.


Editorial Claqueta. “Cine Japonés”


CURROS, Oscar y LEITE, Nuno. “La propaganda de guerra”.  Asociación de técnicos de informática.








[1]  Una de sus campañas más conocidas es el “I want you, for the US Army”.
[2]  ganador del premio Nobel de literatura en 1921
[3] Pero fue solamente en la Primera Guerra Mundial (1914-18) cuando la propaganda comenzó a expandirse hacia el mundo político y filosófico, con una organización más específica.
[4] Estos métodos tenían como objetivos principales mantener la confianza de las tropas propias e intimidar a las fuerzas opositoras.
[5] Así, el principal vehículo propagandístico durante la Primera Guerra Mundial fue la prensa escrita; durante la Segunda Guerra Mundial, la radio y el cine; tras 1945, la televisión; y en la actualidad los medios digitales.
[6] Una docena de ellas transmitían información local y los éxitos militares japoneses mientras la intercalaban con música occidental, todo ello con el propósito de guerra psicológica.